Salida a la Ferrería de Cades

Ayer los alumnos de primero y segundo de primaria visitamos la ferrería de Cades y el molino anexo a esta. Gracias a las explicaciones de Rebeca y Mariana aprendimos muchísimo acerca de dos oficios antiguos que en el s.XVIII fueron de una importancia vital y que hoy, por los avances de la industria, ya no se practican: los ferrones y los molineros.

Visitamos primero la ferrería, donde nos hicieron una completa demostración de cómo funcionaba sin necesidad de electricidad. Gracias a la fuerza del agua que desviaban del curso del río hacían girar dos ruedas, una movía los fuelles que alimentaban el fuego del fuego donde calentaban la pieza de mineral de hierro con carbón y la otra movía el martillo con el que posteriormente golpeaban la masa contra el yunque sacando días impurezas y dando forma al tocho. El agua era devuelta limpia al río, por lo que era una energía renovable. El oficio de ferrón era duro, pues trabajaban 9 meses sin descanso, dormían a turnos en un altillo en la propia ferrería y las condiciones de poca luz y mucho ruido y humo hacía que enfermaran jóvenes. Sin embargo también tenía sus beneficios, pues disfrutaban de vacaciones en verano, eran muy bien alimentados y tenían asegurado un salario.

Después vimos el molino, que aprovechaba el mismo agua que desviaban para la ferrería. El agua en este caso hacía que se moviera otra rueda, que giraba un eje que hacía que girara una piedra molada sobre otra, moliendo el maíz que se introducía entre ellas. Aprendimos a diferenciar las “muelas” de maíz de las de trigo, a cerner la harina, y otras maneras de cobrar que no son con dinero, pues en aquella época era más interesante asegurarse el alimento que poseer unas monedas en el bolsillo.

Después de comer paseamos por el bosque de ribera (muy importante para el funcionamiento de la ferrería pues proporcionaba carbón y madera), que también existía al igual que la ferrería y el molino, gracias al agua del río. Nos enseñaron a diferenciar avellanos, hayas, helechos, ruscos, plataneros y acebos (estos dos últimos plantados por el hombre) y las huellas de distintos animales. ¡Encontramos huellas de zorro, de jabalí y de corzo! E íbamos tan en silencio que incluso logramos ver un sapo.

Pasamos un día estupendo en un valle precioso, ¡qué gusto poder volver a hacer estas salidas pedagógicas! ¡Aprendemos mucho y nos lo pasamos fenomenal!

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